20Ago

Maestros que le apuestan a conservar el medioambiente

A través de procesos que involucran la educación formal e informal, dos maestros cuentan sus procesos y experiencia con estudiantes a fin de enviar un mensaje de conservación que forme líderes ambientales.

De los Objetivos de Desarrollo Sostenible del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que se espera sean alcanzados para 2030, uno plantea garantizar una educación de calidad para asegurar el aprendizaje y el desarrollo de habilidades que promuevan la sostenibilidad ambiental.

Estas metas, que buscan impulsar proyectos sostenibles, son esfuerzos cuya velocidad no se iguala con la destrucción desaforada del medioambiente. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), cada año los ríos reciben 918.670 toneladas de materia orgánica no biodegradable en Colombia; y de acuerdo con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), en 2017 la tasa de deforestación en el país alcanzó las 220.000 hectáreas.

Frente a este problema, dos maestros (uno en Bogotá y otro en Medellín) establecieron procesos educativos que le apuntan a despertar en los jóvenes la necesidad de conservar el medioambiente, recurriendo, por un lado, a las salidas de campo y por el otro, al cuidado y a la investigación sobre los recursos hídricos.

“La idea mía es conocer para amar y amar para defender. Si conocemos lo nuestro podemos amarlo y si lo amamos, entender por qué hay que defenderlo”, dice Andrés Hurtado, maestro del Colegio Champagnat y uno de los ecologistas más reconocidos en el país.

Su prestigio, más allá de provenir de la fotografía y del ecoturismo, hace mella en las aulas con una idea que se forjó en 1977, cuando pensó en la necesidad de llevar el conocimiento de la naturaleza al salón de clases de los jóvenes bogotanos. “Los muchachos de Bogotá son de apartamento. Sus padres no son finqueros, no son paperos o ganaderos, son profesionales. Entonces qué bobada hablar de medioambiente si los muchachos no han salido de la casa. Por ello se me ocurrió sacarlos de sus apartamentos al monte”, cuenta Hurtado.

A partir de dicho razonamiento, la institución donde él trabaja comenzó a planear salidas de campo recurrentes. Desde entonces cada curso hace tres excursiones al año a lagunas sagradas de Cundinamarca, bosques, páramos, caminos reales y otros lugares con importancia ecológica, antropológica y relacionada con su pasado indígena.